¿Cómo ves a los demás?
Hace algún tiempo vengo observando a un par de personas en particular, y digo en particular porque son esa clase de individuos que resaltan en medio de toda esa variedad de elementos que día a día hacen parte de la cotidianidad y a los cuales nos acostumbramos hasta ignorarlos. Me refiero al portero, a la señora de las arepas, el de la panadería, la señora que sale con sus hijos siempre a la misma hora y por el mismo camino… la misma película del día anterior.
Sin embargo, estos chicos, que ya no son niños pero tampoco adolescentes, aunque también representan su parte predecible como la de todos, para mí resulta imposible dejarlos pasar de largo, y no porque me gusten (ojo, no se mal interprete), tampoco porque los admire o los envidie; no, todo lo contrario, porque les tengo pesar.
Sí, esa es la verdad, cruda, pero es la verdad. Y lo peor es que en medio de ese pesar se levanta una especie de morbo que fija mi atención en ellos al mismo tiempo que siento un lamento interno por lo que creo que tendrán que soportar en los próximos años de vida escolar.
Verán, no hay que ser un genio para darse cuenta que en el ámbito escolar se mueven dos tipos de personas: el acosador y el acosado, o el que molesta y el que es molestado, o el que golpea y el que recibe el golpe… es lo mismo. Para usar términos más intelectuales y modernos: el que matonea y el que es matoneado.
No podemos engañarnos, aquellos que se mueven en estos dos roles tienen características especiales y bien definidas que si bien no aparecen listadas en los anales de la historia, son fácilmente reconocibles en quienes las poseen. Es una verdad a gritos la existencia de los chicos populares y los no tan populares, tanto así que inspiró la creación de una de las series musicales más exitosas de la cadena Fox, Glee.
Recuerdo a un compañero del colegio que físicamente bendecido y aún más con un notable talento para el fútbol, tenía acceso (supongo que en todos los sentidos) a la chica más linda y codiciada por varios salones de la institución; de otro lado, también recuerdo a este otro sujeto cuya ausencia de atractivo, espontaneidad, talento evidente lo hacía blanco fácil de toda clase de comentarios y abusos.
Suena a cliché, lo sé, pero así se mueven las relaciones interpersonales en el ámbito escolar. Yo estuve ahí, fui parte del sistema; yo matonié y también fui matoniado. El colegio puede ser un lugar cruel y por eso es que siento pena por estos dos chicos de nuestra historia. Si has leído con atención ya habrás concluido a qué grupo pertenecen. Su manera de caminar, de hablar, de moverse... un par de liebres en un salón lleno de lobos.
Sin embargo, hoy pasó algo diferente, algo cambió, algo se quebró dentro de mí y se derrumbó; algo que mi corazón había estado anhelando y de lo que solo Dios tenía conocimiento. En estos últimos años he dictado algunas charlas y conferencias en las que he animado a los jóvenes a ver y a creer en su esencia, y en el potencial que está contenido en sus talentos, género, temperamento y propósito de creación; no obstante yo no veía eso en nadie y con mucha dificultad en mí mismo. Hablaba de un ideal, pero no lo creía porque mis ojos nunca lograron ver más allá del aspecto físico y del comportamiento. ¡Qué hipocresía!
Pero lo que vi hoy fue diferente. Mi visión se amplió y pude ver algo distinto en estos dos muchachos. Vi su grandeza, su capacidad, el potencial que hay en ellos para sortear problemas, para vencer obstáculos, para superar sus propios límites y aquellos que intenten imponerles los demás, para cumplir con su propósito e impactar al mundo.
Que nadie te entiende, que no te gusta lo que ves en el espejo, que no sabes para dónde vas, que todos te rechazan... no importa, tienes que cambiar tu mirada, dejar de poner tu atención en lo externo para depositarla en lo interno; busca, indaga, escarba, anhela, hasta que encuentres esta convicción o hasta que Dios mismo te la dé como sucedió conmigo: en ti hay algo bueno, fuiste creado, fuiste equipado para realizar una tarea específica, tu presencia se requiere, ese es tu potencial, si has estado buscando tu valor ahí es donde está y tienes que conocerlo.