Regresa al Fabricante

Quiénes somos como personas es algo tan grande que la sola idea de definirlo con un nombre, un apellido, un trabajo, un oficio, una profesión… es absurdo. Eres mucho más que cualquier cosa que tengas, que cualquier cosa que hagas; y definitivamente tu ser está por encima de tus fracasos, errores y malas decisiones. Eres un potencial a la espera de ser desarrollado. Todos somos como una semilla aguardando por tierra fértil y una atmósfera adecuada.

Ahora, piensa en una semilla de manzana. A duras penas alcanza el centímetro de longitud y aun así tiene todo lo que necesita para dar lugar a un manzano. Lo mismo sucede con nosotros, traemos lo necesario para convertirnos en aquello para lo cual fuimos creados. Sí, hay una forma definitiva para ti y para mí, hay un final del camino, hay un destino, y la razón por la que cerca del 90% de las personas no recorrerán ese camino sino un desierto en sus vidas y no llegarán a ese destino, es porque jamás recuperarán el contacto con su Fabricante.

Sé que es un giro brusco, pero necesario. Puede doler, pero la anestesia solo ocultaría el mal que hay que exponer: estamos divorciados de nuestro Fabricante. Lee con atención, te fue dada una esencia compuesta por un género, unos talentos y un temperamento; este es el potencial que está esperando ser desarrollado. Ahora, puedes conocerlo, en este mismo sitio está toda la información que necesitas. Sin embargo, solo podrás liberar correctamente toda la espectacularidad de ese potencial a través de tu propósito de creación. Lo siento pero no hay otra forma.

Para hacerlo más claro imagina un lápiz. No hay duda que su potencial es escribir, y dicho potencial está en la mina, el borrador, la forma de su cuerpo, es decir, en los elementos que fueron utilizados para su creación. Ahora, si no lo utilizamos, si el lápiz nunca se usa, ¿podríamos decir que está liberando su máximo potencial? La respuesta es bastante obvia. Claro que no, pues no estará cumpliendo con su propósito de creación.

Lo que estamos diciendo es que no lograrás liberar, expresar tu máximo potencial si no descubres para qué fuiste llamado a esta Tierra. Vivirás engañado creyendo que ves, cuando en realidad estás caminando en medio de la oscuridad.

El único que sabe para qué fuiste creado es tu Creador. No obstante, todos nacemos desconectados de Él, y las religiones y las corrientes de pensamiento actuales lo han hecho ver como un ser distante, frío, inaccesible e indiferente. Si este es el concepto que tienes del Creador convencerte de lo contrario será muy difícil, por eso dejaré que sea Él en persona quien lo haga, y aquí hay algo clave a lo que debemos llegar: a una relación.

Es hora de hablar con toda sinceridad bajo el riesgo de que abandones el texto en este punto. Conocer el propósito de creación es muy importante, pero llevarlo a cabo es aún más importante, y para hacerlo necesitamos tener una relación con Aquel que nos creó. Hasta ahora hemos hecho énfasis en lo crucial que resulta para nuestras vidas tener claro para qué estamos aquí, sin embargo este es el momento de enfocar nuestra atención en el siguiente punto, y es qué necesitamos para llevar a cabo ese propósito, y definitivamente necesitamos estar cerca de nuestro Fabricante.

¿Por qué? Hay muchas respuestas para esta pregunta, una de ellas es que hay algo en la naturaleza humana que nos mantiene separados de Dios y solo Él puede solucionar ese problema, este tema lo verás en el siguiente texto. Las otras razones son tan variadas como importantes: lo que cada uno de nosotros ha venido a hacer a esta tierra necesita recursos, preparación, entrenamiento, tiempos de maduración, estrategias, planes, otras personas que apoyen el propósito, y lo más importante: un mentor.

Lo que estamos diciendo aquí es que el propósito de creación en realidad es una tarea de proporciones épicas; es tan grande y demandará tanto de ti que no podrás hacerlo solo. Lo necesitarás a Él como tu mentor, tu entrenador, tu consejero, tu médico, tu estratega, tu patrocinador.

No basta solo con acercarse al Fabricante para hacerle dos o tres preguntas y salir corriendo. A Dios no le interesa responderte y dejarte ir, Él quiere que tú seas parte de su plan, de ese plan que tiene para ti, y Él está más interesado que tú en que ese plan se pueda llevar a cabo. ¿Entiendes la dimensión del asunto? Entrar en una relación con Dios es ajustarse a Su plan y no a los nuestros, es hacer las cosas a Su manera y no a la nuestra, es buscar lo que Él busca y ya no lo que nosotros queremos. 

Quizá ya hayas escuchado que Dios no entra a la vida de alguien a la fuerza, y es cierto. Somos nosotros los que debemos disponernos a una relación con nuestro Fabricante, pues Él ha estado dispuesto desde el principio. Puede que sea buena idea que te tomes unos minutos para pensar bien las cosas, porque en el siguiente texto entenderás lo fácil que es entrar en una relación con el Creador cuando hacemos las cosas a Su manera.