Muerte y resurrección
Entonces este es el escenario: el ser humano vive inmerso tanto en la preocupación por la supervivencia como en la persecución de sus sueños, todo para ser feliz. Sin embargo el resultado de esta ecuación en la mayoría de los casos, para no generalizar, ha sido todo lo contrario. Mientras tanto, casi que podemos escuchar el clamor de nuestro corazón porque exista un propósito que le dé algo de sentido a toda esta caótica historia.
Listo, ya están puestas las fichas sobre el tablero, el escenario está dispuesto para que continúe la obra. Pero, ¿en dónde nos quedamos? Ah sí, cierto, en que sí existe un propósito de creación que nadie más sabe sino Aquel que te creó; en que necesitas, más que acercarte a Él, entrar en una relación con el Fabricante para poder llevar a cabo dicho propósito, que no es otra cosa que una tarea específica que supera por mucho tus capacidades y hasta tu lógica, y que es el deseo de Dios para tu vida (como lo explicamos anteriormente).
Creo que es una historia con bastante potencial, ya que tiene un giro que nos toma por sorpresa. Cuando por fin nos enteramos que efectivamente somos necesarios en este planeta, que no existimos solo por existir, nos damos cuenta que tenemos que entrar en una relación con nuestro Creador para saber cuál es ese propósito. Relación que está deshecha por culpa del pecado que habita en nosotros y que se expresa a través de nuestro cuerpo en forma de pecados.
Pero la historia se pone mejor cuando sabemos que Dios nos ofrece una solución a este problema a través de la muerte de Jesucristo en la cruz con la que perdonó nuestros pecados y nos hizo libres de la esclavitud al pecado haciendo morir el cuerpo que le obedecía al pecado. No destruyó al pecado, pero sí al títere que existía para satisfacer sus caprichos.
Esto tiene que quedar tan claro como el agua, pues muchas personas han aprovechado esta información para dar rienda suelta a una vida de libertinaje sin control ni freno, afirmando que como nuestros pecados ya fueron perdonados entonces podemos seguir errando. Nada más lejos de la lógica y de la realidad.
¿En serio crees que alguien iba a sufrir semejante muerte tan horrenda para que podamos llevar una vida de cualquier manera pensando solo en nuestra satisfacción? Se escapa de toda lógica sensata. El Fabricante te quitó el peso de una vida de esclavitud para que puedas cumplir con tu llamado aquí en la tierra, para que puedas desempeñar tu papel en esta historia llena de necesidades, vacíos y congojas; para que puedas matar lo viejo en ti, aquello que servía al pecado, y renacer en algo nuevo que se sujete a la voluntad de Aquel que te creó.
Si la muerte de Jesucristo en la cruz es el inicio del plan secreto de Dios, este sin duda alguna es su final: el cuerpo que le servía al pecado muere con Cristo, todo lo viejo queda atrás, y he aquí todo es hecho nuevo con Su resurrección. Muerte y resurrección, es todo lo que hay, es el clímax de nuestra historia, no hay marcha atrás, es el punto de no retorno.
Cuando aceptamos lo que sucedió en la cruz, nos identificamos con la muerte y la resurrección de Jesucristo, por lo tanto muere nuestra servidumbre al pecado, y renace en nosotros una nueva naturaleza capaz de servir a Dios.
Ahora, no sobra decir que todo esto sucede en el campo espiritual. Nuestro cuerpo ni se entera de lo que acaba de suceder aunque con el tiempo experimentará que se ha producido un cambio de mando, que en nuestra voluntad ya no está sentado el pecado sino el Espíritu de nuestro Creador.
Sin embargo, aún hay una trama en esta historia que no ha sido resuelta y es tu decisión. ¿Qué harás? Sabes cuál es el problema y también cuál es la solución, el balón está en tu lado de la cancha, te corresponde el siguiente movimiento. Te advertí que era una historia con mucho potencial. El camino que venías recorriendo hasta hoy se acaba de partir en dos, y por lo que acabas de leer en este sitio ya puedes deducir cómo terminará cada camino.
Esta situación te acorrala sin piedad y debes tomar una decisión… recuerda que el Fabricante no entra por la fuerza a la vida de nadie.