Comienza la aventura, parte II
Si estás leyendo la primera línea de este texto y vienes de las lecturas anteriores, es porque algo ha hecho eco en tu interior. Sin importar cuál sea nuestra situación (algunas veces aparentemente buena, otras veces evidentemente mala) nuestras almas saben que lejos de Dios probablemente no sobrevivirán.
La mejor parte de mi historia comenzó en junio de 2005, año en que acepté el reto de ir en busca de mi verdadera identidad. Hasta ese momento vivía agotado tratando de mantener una fachada de buen estudiante, buen novio, buen hijo, buen ciudadano, buen miembro familiar; había creado una persona en la que todo marchaba bien, no tenía ninguna necesidad, vivía radiante, seguro de lo que quería y con una vida bien planificada. Me desenvolvía en una falsa identidad bastante convincente para los demás y hasta para mí mismo.
Pero yo sabía que algo no estaba bien, que algo no funcionaba correctamente. Afuera todo parecía bien, pero bajo la superficie yo vivía una verdadera procesión. En el interior y en lo privado de mis pensamientos existía convencido de que no era capaz, de que no era suficiente, de que no tenía lo necesario para lograr lo que los demás esperaban que lograra. Las realidades que proponía la vida y el futuro se presentaban delante de mí como gigantes invencibles que venían una y otra vez a recordarme lo apocado que me sentía.
Por eso me había refugiado en la pornografía. Fue mi estrategia, mi plan de salvación ante tanta presión. Así como para algunos es el trago, para otros las drogas, para otros la comida o las compras o el reconocimiento, para mí fueron las explosivas descargas de dopamina y adrenalina que producían estas imágenes las que me proporcionaban consuelo y descanso. Pero lo que creí que era mi salvación fue mi condena. Después de años de beber las mentiras de la pornografía, esta se convirtió en una adicción.
Así llegué al 2005, convencido de una falsa identidad de derrota, de frustración, con muchos sueños en el papel, pero solo eso, sueños, nada concreto, nada tangible; esclavo de un hábito denigrante, sumamente poderoso y destructivo. Mi corazón estaba deshecho, pero también sabía que los pensamientos de suicidio y las profundas depresiones eran sus gritos de auxilio.
La mejor parte de mi historia no comenzó leyendo la Biblia o haciendo una oración (ambas necesarias en algún punto, no te voy a mentir), comenzó cuando me involucré en una relación seria con el Creador. Cuando acepté que mis fuerzas no eran suficientes, que yo mismo estaba incompleto, que me hacía falta algo y ese algo era Él; entonces pude ver su luz iluminando mi oscuridad, mis mentiras, heridas, falsificaciones, motivaciones equivocadas, nocivas maneras de pensar; aspectos de mi vida que se manifestaban en mí, aunque yo no creía que estuvieran allí.
Por eso es una aventura, porque es una expedición a las regiones ocultas, oscuras, jamás exploradas de tu vida interior; y también porque llegarás a conocer a Dios como nunca lo imaginaste. Sí, a ese ser a quien no puedes ver ni tocar, lo escucharás; a ese Padre que durante años ha parecido distante, lo sentirás y podrás verlo fiel dando la batalla por ti como lo ha hecho por mí.
Es como emprender un viaje con un amigo (guardando las proporciones, claro). Después de superar los retos, vencer las dificultades, apoyarse en los momentos de dolor profundo, de poner sus vidas el uno por el otro, de superar las desilusiones y las expectativas no satisfechas, comprendemos que la amistad ya no es la misma, que ha trascendido… ahora es una hermandad.
Sé que es un ejemplo tonto al lado de lo que estamos tratando de explicar, pero estoy intentando por todos los medios de disipar esa niebla religiosa que nos ha vendido la idea de un Dios lejano, aburrido, arrogante e indiferente a nuestra situación. Si fuera así, ¿para qué propiciar un encuentro tan cercano piel a piel, cara a cara? Eso fue lo que hizo Jesús. Dios, siendo Dios para nosotros inalcanzable, se hizo humano a través de Cristo para acercarse a nosotros y mostrarse alcanzable.
Citando a Jhon Eldredge en Admirable Forajido: “Es posible conocer a Jesús tan profundamente como lo hicieron sus primeros discípulos. Incluso mejor. Jesús vino para darse a conocer, por Dios, vino para hacernos conocer a Dios”. Todo enmarcado dentro de una relación. Solo a través de una relación es que tú puedes conocer y ser conocido por otra persona. No hay otra forma.
Por mi relación con el Fabricante es que soy libre de la adicción a la pornografía. Al caminar de su mano he podido ver cómo mis falsas identidades se han ido desmoronando, las mentiras que habían creado una imagen pobre sobre mí mismo han sido reemplazadas por la verdad que viene al conocer mi propósito de creación.
Si antes creía que no era suficiente, ahora sé que fui creado con un propósito y que el Fabricante me dio todo lo que necesito para cumplirlo, por lo tanto sí soy suficiente, y tú también lo eres, también tienes un propósito. Después de todo, de esto se trata la guerra, que no lleguemos al centro de lo que verdaderamente somos. Por eso cuando vives una vida dirigida, entrenada, desarrollada por el Creador te vuelves alguien peligroso porque comienzas a acercarte a tu corazón, a lo que verdaderamente eres, al diseño original de Dios.
¿Estás listo para hacer tu próximo movimiento? No te voy a engañar, no es fácil. Aceptar que necesitamos a Dios en nuestras vidas no es fácil, pero bien vale la pena; si lo haces con un corazón honesto te garantizo que no volverás a ser el mismo. Por supuesto que es un reto para valientes, para aquellos que están dispuestos a ir en contra de lo que digan los demás, a desafiar sus propios límites mentales, a aceptar la idea de que puede haber más preguntas que respuestas.
Sabemos que algunos leerán esto y se burlarán o lo ignorarán; otros estarán de acuerdo pero no harán nada; pero habrá quienes acepten el reto y tomarán la decisión. Para ellos escribimos. Ahora, si deseas comenzar a explorar una vida de la mano de tu Creador, te animamos a que hagas la siguiente oración y a que no dejes de contactarnos si deseas una orientación más profunda.
Dios, reconozco que he vivido mi vida como he querido y que no te he tenido en cuenta a ti para nada. Hoy quiero romper eso, quiero hacer las cosas a tu manera, te pido que dirijas mi vida según el propósito con el cual me creaste. Acepto lo que Jesucristo hizo en la cruz por mí y declaro que tú lo resucitaste de entre los muertos.
Amén.