Llamando a la puerta del Fabricante

Muchas personas se animan a tocar a la puerta del Fabricante buscando realizar sus propias metas, alcanzar riquezas, reconocimiento; y no es que esté mal, pues todos los que, en su tiempo, nos hemos acercado a esta puerta lo hemos hecho buscando algo que satisfaga nuestro egoísmo. Tu caso, en cambio, puede ser un tanto diferente, pues si estás leyendo esto es probable que el deseo de conocer cuál es tu propósito de creación y de involucrarte en una relación con el Fabricante te haya traído hasta aquí.

Si lo miramos bien, conocer la razón por la cual fuimos creados es conocer el deseo del Creador para nuestra vida. Es decir, aquello que lo motivó para escoger los mejores materiales posibles y ponernos a disposición de aquellos que nos están esperando. Lo que estamos diciendo aquí, es que cuando te das cuenta de la necesidad que te fue encomendada suplir, estás conociendo lo que impulsó al corazón de Dios para orquestar toda una serie de variables, acontecimientos, personas, tiempos, crisis, abundancias, que prepararan tu llegada en este tiempo y en este espacio.

¿Puedes entenderlo? No se trata de ti ni de mí. Toda nuestra esencia (género, talentos, temperamento y propósito de creación) nos fue dada no para nuestro beneficio, no por nosotros, sino por los demás. Dios identificó una necesidad y decidió que tú fueras la solución, para eso te equipó. En últimas, lo que estás leyendo acá, es que no fuiste creado para hacer tu voluntad, ni para sobrevivir, fuiste pensado y concebido para hacer la voluntad de Aquel que te creó.

Verás, todo lo creado por el hombre hace aquello para lo cual fue creado: las calculadoras, calculan; las licuadoras, licúan; los cuchillos, cortan; los pegantes, pegan. ¿Por qué con nosotros tendría que ser diferente? El ser humano no es el centro del universo. Tenemos que hacer el esfuerzo de quitar la mirada de nosotros mismos y aceptar que hay algo más grande que nuestra humanidad, que hay un plan que supera por mucho nuestros planes.

¿Cuál es?, ¿cómo saberlo?, ¿qué necesitamos para llevarlo a cabo? Por eso estás acá, llamando a la puerta del Fabricante. Sin embargo, no podemos presentarnos delante del Creador en la condición en la que nos encontramos. Sí, hay algo que debemos solucionar primero y esta es la razón por la cual nos urge tener una relación con Dios. Si logras verlo en toda su dimensión entenderás que es algo de vida o muerte.

Si en realidad deseas saber cuál es tu papel en toda esta historia que llamamos vida, y mejor aún, quieres saber cómo interpretarlo exitosamente, primero debes solucionar un problema que tienes: tu deuda con el Creador.

Acá es donde la mayoría tropieza. Se rinden. No pueden aceptar lo que sigue a continuación. Todos sin excepción nacemos debiéndole algo al Creador: nuestras vidas. Dios determinó que la paga del pecado es la muerte, y ya que todos hemos pecado alguna vez en nuestra vida, pues merecemos morir. Recuerda esto: no se trata de ti, ni de la manera como nos han enseñado a hacer las cosas, ni de los estándares del mundo. El Fabricante es quien pone las reglas.

Por eso hay tantas personas frustradas que buscan a Dios, le piden, le claman y no pasa nada. ¿Por qué?, porque tienen el mismo problema: le deben su vida al Creador a causa del pecado y no se han puesto a paz con Él. ¿Qué es el pecado? Es la máxima expresión de la maldad y está sentada en la voluntad de todo ser humano, es decir, en su capacidad de decisión.

Esta es la razón por la cual se dice que el hombre es malo por naturaleza. ¿Hay que enseñarle a un niño a mentir? No; ¿hay que enseñarle a un niño a desobedecer? No; ¿a ser egoísta? Claro que no. Simplemente lo es. Nacemos con el pecado. Y ese pecado que vive en nosotros produce pecados a través de nuestro cuerpo (cabeza, ojos, boca, manos, pies).

En realidad el gran problema del hombre no es la pobreza, ni la violencia, ni los robos, crímenes o asesinatos; tampoco lo es el abandono, el abuso, la depresión o la soledad. El gran problema del ser humano es el pecado, todo lo demás son las consecuencias de esta naturaleza.

Ahora, el Creador no puede estar donde hay pecado. Son dos sustancias diferentes e incompatibles. El pecado nos ha destituido de Su presencia, hemos caído de Su gracia, perdimos todo contacto con nuestro Hacedor. Por eso lo sientes distante, por eso pareciera que no se involucra en la vida de las personas. Lo que estamos diciendo aquí es que mientras en ti gobierne el pecado, el Fabricante no vendrá a habitar en ti, no habrá una relación cercana y es muy probable que no haya una respuesta sobre tu propósito de creación.