Género: funciones
Cuando no sabemos para qué sirve algo (sus funciones) y qué cuidados debemos tener para usarlo (sus necesidades) caemos inevitablemente en el mal uso y en el abuso, y esto conlleva a la destrucción. Por esta razón, conocer las funciones y necesidades de cada género se vuelve algo de vida o muerte.
Ahora bien, cuando hablamos en términos del diseño del género humano, una función es más que una obligación. Las funciones de cada género se refieren a una capacidad inherente, esto es, que nace con la persona, para actuar de acuerdo con la función de cada diseño. En palabras más sencillas, hombres y mujeres tienen la capacidad (por creación) de desempeñar las funciones que veremos a continuación.
Funciones del género masculino
El varón es cabeza. Culturalmente hemos vivido con la idea de que ser cabeza es tener el poder para mandar, para ordenar, para que se haga lo que el hombre dice. Sin embargo no se trata de eso. Ser la cabeza visible en un hogar es ser el primer responsable de crear la atmósfera adecuada para que los que hacen parte de él puedan desplegar todo su potencial, es decir, su esencia. Para lograrlo, el varón, por diseño, cuenta con:
Ojos: el varón fue creado con la capacidad de enfocarse en un objetivo, en una meta, en algo específico. Esto le da la posibilidad de concentrarse evitando las distracciones y aumentando las posibilidades de éxito.
Boca: en sus palabras está el poder para impartir identidad a los suyos, el hombre fue creado para edificar, para hablar bendición, para afirmar la fortaleza en sus hijos y la belleza en sus hijas y esposa. Cuenta con la capacidad para mantener los canales de comunicación libres con los suyos.
Oídos: el hombre debe escuchar a los suyos, es parte de la función de ser cabeza. Sólo así podrá enterarse de las dificultades y de las necesidades de cada uno para poder guiarlos en el desarrollo de su identidad.
Olfato: tiene la capacidad para darse cuenta de una mala amistad, de una situación que pueda resultar peligrosa, o de una buena oportunidad para que los suyos se desarrollen.
Cerebro: el varón, como cabeza, debe planear. Tiene la capacidad para establecer metas y las estrategias para alcanzarlas. Planifica de acuerdo con los recursos, talentos y oportunidades que le brinda el entorno.
El varón es maestro. El hombre debe asumir su responsabilidad de enseñar, de transmitir lo que es recto, lo que es sano, lo que edifica de acuerdo con el código de principios y leyes universales. El maestro no sólo da la orden, sino que explica el cómo llevar a cabo dicha orden, y la razón por la cual se debe obedecer la orden. En el varón está esta capacidad y es su función. Tanto sus palabras como su actuar (el ejemplo) deben ser una enseñanza continua en el transcurrir del día, en la cotidianidad, en lo informal.
El varón es protector. Por diseño el hombre es portador de fortaleza, su naturaleza es la fuerza. Esta fuerza no es física, sino interna, moral, espiritual. El hombre tiene una mayor capacidad de resistir la embestida de una situación difícil, de una mala noticia o de un mal trato. Por lo tanto, debe ofrecer su fortaleza para proteger los puntos vulnerables de los suyos. La ignorancia de esta función ha permitido que algunos hombres terminen dirigiendo esta naturaleza en contra de sus familias, y aquel que se supone debe protegerlos, termina lastimándolos y hasta destruyéndolos.
El varón es proveedor. Hace parte de ofrecer su fuerza para asegurar el bienestar y la seguridad de los suyos. No solamente se refiere a una provisión económica que debe existir en el momento en que una mujer decide dejar la protección de su padre para aceptar la propuesta de su hombre, también se refiere a la función que tiene el varón de proveer a los suyos de una dirección, de oportunidades para que desplieguen su identidad, de una protección, de una seguridad, de una atmósfera propicia para establecer una buena relación.
Funciones del género femenino
La mujer es portadora de belleza. La belleza invita. Invita a ser observada, a ser admirada. También invita a la paz, a la tranquilidad, a la reconciliación. La sola presencia de la mujer debe consolar, debe animar, debe motivar, es parte de su función. No es una belleza física, es una belleza interna que se expresa a través de un espíritu dulce y apacible que dice: ‘todo va a estar bien’.
La mujer es mejoradora. Esta es la razón por la cual el género femenino es tan intenso. La mujer desea el mejor empaque, el mejor atuendo, la mejor presentación de sus hijos, las mejores cortinas… esta función en la mujer es lo que salva al varón de vivir en el conformismo. Un equipo de trabajo está libre de la mediocridad cuando sus mujeres fluyen en esta función. Sin embargo, la mujer debe autorregularse en esta función, pues fuera de control tiene el poder para destruir economías, matrimonios y relaciones laborales.
La mujer es incubadora. Por diseño la mujer es receptora, por eso ella puede recibir la semilla de parte del varón y devolver una nueva vida. Sin embargo, esta función va más allá del campo físico, del embarazo. Muchos varones no se dan cuenta del potencial de una idea hasta que una mujer la recibe, la cuida, la nutre… en otras palabras, la incuba por un tiempo, y se la devuelve totalmente desarrollada. Ellas tienen la capacidad de desplegar la vida que hay en la semilla. Esta puede ser una idea, un sentimiento, un pensamiento, una propuesta, un sueño, un anhelo. Cualquier cosa que la mujer reciba lo devolverá multiplicado, sea bueno o sea malo.
La mujer es reflectora. Al hombre se le facilita más jugar al hipócrita. Debido a que por diseño es portador de fortaleza, está más preocupado por mostrar una apariencia de que todo está bien. La mujer es belleza, es vulnerabilidad, por lo tanto refleja su estado emocional. Puede que sus palabras logren dar la sensación poco convincente de que todo está bien, pero sus gestos, su atuendo, su exterior, la delatará.