Propósito de creación
Se calcula que aproximadamente el 90% de las personas morirá sin saber cuál es su propósito de creación. Esto se debe principalmente a dos cosas: la primera de ellas es que nos han criado en una cultura de la sobrevivencia, entonces muchas personas dedican sus vidas a aquello que les genere dinero sin importar si es ilegal o si no tiene nada que ver con sus talentos. La segunda, es que nos mantenemos en una constante búsqueda y persecución de nuestros propios sueños, anhelos y propósitos cuando muchas veces ni siquiera tenemos idea para qué somos buenos o si nacimos para algo más que se salga de nuestros propios planes.
A pesar de esto, hay quienes aseguran sentirse vacíos, aun cuando han alcanzado lo que muchos persiguen, y lo que el mundo ha establecido como estándares de éxito entre otras cosas reconocimiento, dinero, buena posición social. Pero después de estos logros alcanzados comienza a surgir una pregunta: ¿esto es todo? Y la respuesta comienza a vislumbrarse en medio de la confusión: esto no puede ser todo, algo falta.
Tarde o temprano la vida nos llevará a este momento, a cuestionarnos si nuestros deseos son lo único por lo que vale la pena vivir y morir o si hay algo más. Sin temor a equivocarse se podría decir que en el corazón de cada ser humano está ese deseo, ese anhelo constante de haber sido creado para algo, de haber sido designado para alguna tarea, de esas que son sublimes e indispensables. En lo profundo de cada persona está la esperanza de ser requerido, solicitado para algo que aunque sea más grande y lo supere, tiene lo que se requiere, lo que necesita para llevarlo a cabo.
Por esta razón, las películas y las historias nunca se acabarán; lo juegos de video y los superhéroes jamás pasarán de moda. Todo protagonista tiene un propósito que, en la mayoría de los casos, no se trata de él directamente. Por lo general tiene que poner su vida en juego por el bienestar de otros, ya sea su familia, amigos, desconocidos o el mundo entero. Es una tarea que solo él puede llevar a cabo e independientemente de la razón por la que tenga que hacerlo, sabemos que así tenía que suceder, que eso es lo que le da sentido a todo el personaje, su propósito dentro de la historia es lo que justifica su existencia.
Nosotros somos los protagonistas de nuestra vida, y salvo algunos sucesos sin importancia aparente, la vida de cada persona es una historia. Muchos dirán que no tienen nada importante que contar, y puede ser cierto porque sin propósito no hay personaje y sin personaje no hay una historia que contar.
Ahora, no estamos hablando de un propósito cualquiera, estamos hablando de un llamado, de una tarea que nos supera a nosotros mismos, pero que nos ha sido designada para que la llevemos a cabo. Sí, es real. El grito de nuestro corazón por algo que le dé sentido a la vida encuentra eco en el propósito de creación. Lo que hemos envidiado de los personajes de ficción es tan real como tu nombre.
La pregunta sería: ¿cómo conozco ese propósito de creación? Imagina que en estos momentos alguien pone en tus manos un objeto totalmente nuevo que nadie ha visto jamás, y a continuación te pide que lo pongas a funcionar. Tú le das vueltas por un lado, lo miras por el otro tratando de encontrarle algún parecido con algo que ya conozcas, pero nada. ¿A quién le preguntarías para qué sirve ese objeto y cómo funciona? La respuesta es fácil: al que lo hizo. Él es el único que sabe qué propósito tiene ese objeto, para qué usó los materiales que usó. En otras palabras, el fabricante es el que sabe qué necesidad es suplida con su creación.
Infortunadamente el vivir inmersos en la sobrevivencia y en la búsqueda y persecución de nuestras metas y propósitos nos ha llevado a alejarnos de nuestro Fabricante. Ignoramos para qué fuimos hechos en realidad y vivimos en una constante búsqueda por saberlo con la esperanza de que sea real, pero nos hemos extraviado en el camino, hemos perdido el sendero, y simplemente no logramos establecer una comunicación efectiva con nuestro Creador, a tal punto, que muchos han optado por creer que no existe.
Quizá el error ha estado en nosotros. Quizá hemos tratado de acercarnos a Él de la manera incorrecta. Imagina este escenario: tienes la oportunidad de encontrarte cara a cara con el presidente de tu país. ¿Quién crees que pondría las condiciones para el encuentro?, ¿acaso tú le dirías al hombre más poderoso de tu nación en dónde se llevaría a cabo la reunión, cuándo y a qué hora, además de los temas a tratar y el orden de ellos? Bien sabemos que sería al revés y que tú tendrías que hacerlo a la manera de él.
Si es así con un ser humano común y corriente, ¿por qué habría de ser diferente con el Autor de todo lo creado visible e invisible?, ¿por qué no aceptar que si nos acercamos a Él debemos hacerlo bajo sus condiciones y a su manera y no a la nuestra? No hay escapatoria, no hay salida ni otra opción, tu Fabricante es el único que sabe para qué te hizo, pero debes saber cómo acercarte a Él. Está llegando el tiempo en que el ser humano debe olvidarse de sí mismo, para volver al Fabricante.
En la siguiente sección de este sitio te decimos cómo hacerlo.